CRÓNICAS DE "LA MOVIDA"

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CRÓNICAS DE "LA MOVIDA"

Mensaje por VIQUILIQUI el Lun Mayo 18, 2009 8:30 am

http://www.elcomerciodigital.com/gijon/20090517/cultura/cronica-negra-movida-20090517.html
Crónica negra de 'la movida'
Accidentes de tráfico, enfermedades, sobredosis de droga y hasta un homicidio se han llevado ya a casi una veintena de músicos de la escena española de los años ochenta
17.05.09 - JOSÉ CEZÓN| GIJÓN

La muerte esta misma semana de Antonio Vega se suma a una larga lista de músicos españoles de los años ochenta que perdieron la vida de forma prematura. Algunos fueron víctima de esos excesos que siempre se les suponen a las estrellas del rock, pero otros fallecieron por una causa no menos ajena a las circunstancias de su profesión: en accidente de tráfico.
La muerte ha estado presente en 'la movida' española desde su misma gestación. De hecho, los analistas sitúan el comienzo de este movimiento artístico en el homenaje póstumo que se rindió en febrero de 1980 en Madrid a José Enrique Cano, 'Canito', batería del grupo Tos, antesala de Los Secretos, fallecido dos meses antes en la carretera de La Coruña. 'Canito' fue a la movida lo que Luis de Góngora a la Generación del 27.
En aquel tributo en la Escuela de Caminos, que dirigía el padre de Ana Torroja (Mecano), actuaron grupos emergentes de la nueva ola como Alaska y los Pegamoides, Nacha Pop o Los Secretos, que tiempo después también fueron tocados por la tragedia.
El primer gran mártir de 'la movida' fue el 'pegamoide' Eduardo Benavente, al que la vampiresa carretera se llevó con tan sólo 20 años y cuando lideraba el prometedor grupo siniestro Parálisis Permanente. Fue el primero y el más joven de la lista negra. Otros dos trágicos accidentes segaron la vida de los asturianos Tino Casal (1991, 51 años), precursor de aquella escena, o más recientemente, en 2006, de Carlos Redondo, cantante del grupo de los 80, Los Locos.
Las sobredosis fulminaron también a varios músicos de la época. Antonio Flores murió en 1995 en su casa familiar 'El Lerele', a los 33 años, tras ingerir barbitúricos y alcohol y Enrique Urquijo, líder de Los Secretos, apareció sin vida en 1999 en un portal de Madrid. Tenía 38 años. Pero la primera cobaya de la heroína fue Santiago Ulises Montero, saxofonista de Sindicato Malone y Gabinete Caligari, que murió en 1988. La banda de Jaime Urrutia le dedicó un sentido homenaje con el tema 'Tócala Uli', de su exitoso disco 'Camino Soria'. El caballo envenenó también en 1992 al batería Toti Árbores (Pegamoides, Parálisis...).
Uno de los casos más sobrecogedores fue el de Miguel Gónzález 'No', guitarrista del grupo punk catalán Desechables. En 1983 intentó atracar una joyería de Villafranca del Penedés con una pistola de fogueo, pero su tentativa fue neutralizada de un certero balazo disparado por uno de los dependientes.
No menos dramática fue la pérdida de uno de los personajes más singulares de 'la movida': Ignacio Gasca, 'Poch', líder de los inolvidables Derribos Arias, quien falleció en 1998 víctima de la enfermedad degenerativa del mal de Huntintong, conocida popularmente como el Baile de San Vito. Los asturianos más talluditos le recordarán como 'pincha', a mediados de los años 80, en la sala Factory de Oviedo (la actual Tribeca).
El grupo Tequila perdió a dos de sus componentes por el sida: el batería Manolo Iglesias (año 1994) y el guitarrista Julián Infante, ya en Los Rodríguez (año 2000). La enfermedad maldita se llevó también en 1988 a Eduardo Haro Ibars, poeta de 'la movida' e inspirador de letras de grupos como Gabinete Caligari ('Pérdidas blancas' y 'Pecados más dulces que un zapato de raso'). Era hijo del periodista Eduardo Haro Teclen, un padre desdichado que también vio cómo se le morían nada menos que cuatro de sus descendientes.
Antes que Antonio Vega, hubo otros músicos que fallecieron de la larga enfermedad, el absurdo eufemismo con el que los medios acostumbran a esquivar la palabra tabú: el cáncer. Fue el caso de Modesto Agriarte, el 'Tío Modes' (2004), guitarrista de la banda punk La Banda Trapera del Río; Kike Turmix, líder de Pleasure Fuckers (2005) y agitador cultural desde su Malasaña querida, o el cantante de Desperados, Guillermo Martín (2006).
Hubo otros dos personajes emblemáticos de 'la movida', que murieron a la misma edad de 42 años: el cantante de Burning, José Casas Toledo 'Pepe Risi', de una neumonía en 1997, y Carlos Berlanga (Alaska y los Pegamoides y Dinarama), de una enfermedad hepática en 2002. Siempre quedará su música. Descansen en paz.

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Re: CRÓNICAS DE "LA MOVIDA"

Mensaje por VIQUILIQUI el Lun Mayo 18, 2009 8:32 am

http://www.larioja.com/20090517/rioja-logrono/vida-lactea-20090517.html
La vida láctea
17.05.09 - JORGE ALACID

La primera vez que entré en el Penta madrileño acababa de visitar La Vía Láctea. Sigo sin olvidar esa noche. Desde luego no olvido ninguno de los dos garitos, aunque nunca más volví a abrevar en ellos. Si de vez en cuando se me borra aquel día de la memoria, al rescate acude la tonada famosa: según nos advertía, cierta chica de ayer solía acudir a escuchar en el Penta «canciones que consiguen que te pueda amar». Ponerse cursi y un punto relamido cuando desaparece un artista que lleva colgado el cartel de héroe generacional puede resultar cargante para quien no tuviera 20 años allá por los 80. Pero me temo que resulta inevitable: todos los días no despedimos a ese cruce entre Dylan y Serrat que acaba de dejarnos.
Por el tiempo en que visité el Penta, el viaje a Madrid desde la provincia imponía un ritual que terminaba de emparentarte con tanto chaval de la periferia de visita en el foro durante un fin de semana. Con una ventaja: a ratos parecía que jugabas en casa. Aún no existía la UR y una multitud de paisanos (los mismos a quienes ya había visto acodados en el hoy difunto Merlín logroñés) se repartía por los campus madrileños, de modo que podías ingresar aquella noche célebre en el Penta y toparte con la escena que sigues recordando: la recatada joven a quien veías de lejos en misa de doce en La Redonda brotaba ahora ante ti explorando con su lengua (bajo riesgo de asfixia) la cavidad bucal de un mocete que, desde luego, no era el mismo a quien luego acompañaba a La Exquisita a por pasteles.
El Penta, una barra ajena a la luz del sol, se alzaba en la misma ruta de La Vía Láctea, cuyo dueño, Cirilo Aranda, falleció hace unas semanas. En el asombroso bar que dirigía vi ese día a otro difunto más o menos reciente, el cantante de Los Secretos, ligando sin éxito y con torpeza con una camarera. De modo que este encadenado de esquelas que va de La Vía Láctea al músico Enrique Urquijo pasando por Nacha Pop sirve paradójicamente para resucitar el barrio de Malasaña como capital del Madrid de la llamada Movida, aquel tsunami que nunca terminó de alcanzar la playa de Logroño. Malasaña, con sus puestos callejeros donde repartían absenta, bebida que hermanaba a aquella generación con la de sus hermanos mayores, los jipis ibicencos. Malasaña, que algún sábado parecía la calle Laurel, con sus riojanitos alucinados ante las primeras crestas de colores. Malasaña, parada obligada en un peregrinaje que debía iniciarse en los cines Alphaville, donde alguien vio cierta vez a Almodóvar proyectando sus cintas en superocho. Los cines donde el manual del moderno de entonces exigía asistir por tercera o cuarta vez a la proyección de uno de los iconos de la época, la película titulada Elígeme.
Entre los Alphaville y Malasaña atravesé aquella noche mareado por la absenta. Una noche que aún me persigue porque se actualiza con cada noticia, sobre todo fúnebre, que va tachando fechas en el calendario y levantando una nueva cruz en el camposanto generacional. La noche en que se me ocurrió el tontorrón juego de palabras que hoy me sirve para titular estas líneas. La vida láctea.
La vida, que es la leche.

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Re: CRÓNICAS DE "LA MOVIDA"

Mensaje por VIQUILIQUI el Lun Mayo 18, 2009 8:34 am

http://www.publico.es/culturas/225929/ultima/victima/movida
La última víctima de la Movida
Antonio Vega unió el martes su nombre a la trágica lista de muertos que protagonizaron el desmadre de los ochenta
JESÚS MIGUEL MARCOS - Madrid - 16/05/2009 18:13

El 11 de septiembre de 1988, en las páginas de El País, el periodista Eduardo Haro Tecglen escribía un largo artículo autobiográfico titulado El odio al fútbol. Relataba cómo el entorno social en el que creció le llevó a rechazar las manifestaciones deportivas, especialmente el fútbol, por considerarlas opuestas a la inteligencia. Haro Tecglen lamentaba haber repudiado el fútbol y, escribiendo con las tripas, concluye con un párrafo demoledor que leído veinte años después aún provoca escalofríos: "Y pienso que no debía haber transmitido a nadie el odio estúpido al fútbol. Alguna tarde cerrada pienso en que mis hijos deberían haber sido entusiastas del fútbol, haber preparado una carrerita corta y hecho unas buenas oposiciones. Pero es sólo una debilidad pasajera. Cuando todo está más sereno, estoy con ellos como son, o como han sido".

"No éramos conscientes del peligro. Jugábamos con la idea de la muerte, pero en ningún caso había una vocación autodestructiva en nosotros" Un mes antes había muerto, víctima del sida, su hijo Eduardo Haro Ibars, el escritor más representativo de la Movida. Pocos años después sería otro de sus vástagos, Eugenio, ex guitarrista de Glutamato Ye-Yé, el que fallecía a causa de la misma enfermedad. Los Haro Ibars fueron parte de los daños colaterales de la explosión de libertad y creatividad que tuvo lugar en Madrid tras la muerte de Franco. No fueron los únicos. Otros, como Antonio Vega, sobrevivieron, aunque es imposible desvincular su fallecimiento prematuro el martes pasado de los días de excesos de principios de los ochenta.

Casualidad o no, se considera que el acto fundacional de la Movida fue el homenaje a un muerto: Canito, batería de Tos -grupo que luego cambiaría el nombre por Los Secretos-, fallecido en accidente de tráfico la Nochevieja de 1979 a los 21 años. En aquel concierto del 9 de febrero de 1980 en la Escuela de Caminos también se subieron al escenario Carlos Berlanga -guitarrista de Alaska y los Pegamoides, fallecido por hepatitis en 2002 a los 42 años-, Enrique Urquijo -guitarrista y voz de Tos, muerto por sobredosis en 1999 a los 39 años- y el propio Antonio Vega, que actuó como líder de Nacha Pop. En aquel festival no participó otro de los cadáveres bonitos que dejó la Movida, Eduardo Benavente, que poco después formaría parte de los Pegamoides y fundaría Parálisis Permanente. Benavente murió en un accidente de tráfico cuando volvía de un concierto en León en 1983. Tenía 20 años.

El peligro sigue vivo
"No éramos conscientes del peligro. Jugábamos con la idea de la muerte, pero en ningún caso había una vocación autodestructiva en nosotros", afirma Sabino Méndez, guitarrista y compositor de Loquillo y Trogloditas y una de las figuras clave de la Movida. No sólo la heroína y el sida causaron estragos entre los jóvenes que inauguraron la democracia, la hepatitis también es un peligro que llega hasta nuestros días. "Su ciclo es mayor y es un peligro que está ahí para mucha gente", recalca Méndez.

La Movida fue una época de luces y sombras. Las primeras se nos presentan en forma de grandes canciones, emocionantes películas y cuadros y fotografías que se han hecho internacionales. Las segundas se elevan como fantasmas: muertos y gente muy tocada. El periodista José Manuel Costa vivió la Movida en primer línea como crítico musical: "Yo era plenamente consciente de lo que estaba pasando. Comparado con lo que se vivía en Londres o en Berlín, el desfase en Madrid era excesivo. Yo nunca había visto el consumo de sustancias de una forma tan desmadrada y tan pública", recuerda.

"Comparado con lo que se vivía en Londres o en Berlín, el desfase en Madrid era excesivo"Aquellos jóvenes se tomaron el No future que cantaban los Sex Pistols al pie de la letra. La censura acababa de caer y comenzaron a aparecer publicaciones bastante radicales, como la revista Star, que intentaban acabar con el tabú y el mito sobre el consumo de drogas tratando el tema con naturalidad. Sin embargo, "veías a mucha gente que no se daba cuenta del jaleo en el que se estaba metiendo", dice Costa.

Se produjo un fenómeno tan extraño como paradójico: por un lado, las ganas de vivir eran enormes y la vitalidad desbordante; por el otro, se negaba el futuro y sólo se tenía en cuenta el instante. Fue la suya una entrega tan bestial al presente que literalmente se comieron el futuro. Según Costa, "se experimentó de una forma muy masiva y autodestructiva. Había gente que se pasaba noches y noches en vela y el consumo de sustancias -alcohol, pastillas y caballo- era obvio, no era un secreto".

Desde principios de los ochenta, el goteo de víctimas ha sido constante. El primer batería de Los Secretos, Pedro Antonio Díaz, seguiría los pasos de su predecesor en Tos y perdía la vida en un accidente de circulación en 1984. En 1989 fallecían sin haber cumplido 40 años Enrique Naya y Juan Carrero, pintores conocidos como Costus, que estuvieron en el núcleo duro de la generación de la Movida. Pepe Risi, de Burning, moría de una neumonía a los 42 años en 1997. Y esto hablando de los nombres conocidos. Porque, como concluye Costa, "la Movida la generaban los que estaban en la pista de baile, no los que se subían al escenario. La gente arrastraba a los protagonistas".

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Re: CRÓNICAS DE "LA MOVIDA"

Mensaje por Magda el Lun Mayo 18, 2009 6:18 pm

Muchas gracias!!!! Unos artículos muy interesantes a la vez q muy tristes... llorar

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Re: CRÓNICAS DE "LA MOVIDA"

Mensaje por adios tristeza el Lun Mayo 18, 2009 6:38 pm

Magda escribió:Muchas gracias!!!! Unos artículos muy interesantes a la vez q muy tristes... llorar

Pues si Magda, es igual que el otro post que hablábamos del tema, todo relacionado con muertes... no sé, no digo que no fuera así pero también se podría enfocar desde otros puntos de vista.

Gracias por ponerlo!!!

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Re: CRÓNICAS DE "LA MOVIDA"

Mensaje por Erika el Lun Mayo 18, 2009 10:39 pm

Que textos más alegres y optimistas :alucinao: , eso sí, son interesantes. Gracias Viquiliqui. ¿Es que no hubo nada bueno a raiz de la movida?

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Re: CRÓNICAS DE "LA MOVIDA"

Mensaje por VIQUILIQUI el Lun Mayo 18, 2009 11:22 pm

Erika escribió:...¿Es que no hubo nada bueno a raiz de la movida?
Intetaré buscar algo, pero no te prometo nada jeje

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Re: CRÓNICAS DE "LA MOVIDA"

Mensaje por VIQUILIQUI el Jue Jul 02, 2009 9:07 am

http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2009063000_38_775534__Cuencas-ochenta

Los años ochenta
Los sonidos de una generación

RICARDO V. MONTOTO Me hago viejo! Buena parte de los referentes de mi juventud ha desaparecido. El grupo de intérpretes de la banda sonora de aquellos años se está viendo alarmantemente diezmado.

Hace ya tiempo que nos dejó Enrique Urquijo. Meses atrás, Antonio Vega. Ambos fueron piezas esenciales de la música española de los ochenta, el sonido de una generación nacida en una dictadura pero crecida en libertad. Y muchos no supieron digerir aquel subidón democrático. Ellos fueron los primeros de un movimiento musical que, por fin, arrinconaba a los pelmazos de la canción protesta y los caseros jersezones de lana para ponerle música a una juventud española que sólo miraba hacia adelante.

Y después estaba Michael Jackson, un prodigioso chico negro que ennobleció el sonido disco, creado para ser bailado y al que Jackson dotó de caché y respetabilidad. Lástima que aquel chaval delgaducho vestido con un esmoquin negro, flotando sobre los zapatos de baile, que demostró al mundo de lo que era capaz con su «Off the wall», perdiera la razón y se encaminara hacia la destrucción. Michael Jackson murió hace muchos años, allá por la época de «Thriller», cuando el portento musical fue engullido por el enfermo mental.

Me pongo nostálgico. Crecí con los casetes de todos ellos. Eran imprescindibles en los festolines universitarios de Madrid y sus notas giraban dentro de los primeros walkman. Y ahora están criando malvas.

Pero lo peor de todo es que parece que fue ayer. Es como si casi pudiera tocar aquellos años. Los tengo nítidamente grabados. Oigo sus sonidos, huelo sus olores, me veo duplicando una cinta y recuerdo hasta el precio de un cubata en el Stela. El otro día fui al concierto de «Los Secretos» en Oviedo. Todo un ejercicio de memoria. Pero faltaba Enrique. Y tantos otros que cayeron por el camino. Cómo serían aquellos años que muchos intentaron quedarse en ellos para siempre. Y algunos lo consiguieron.

También se ha ido Farrah Fawcett, la reina rubia de los pósteres, que compartió millones de paredes de habitaciones de quinceañeros con su único rival: el Lamborghini Countach. Va a ser cierto que al final aquí no queda nadie.

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Re: CRÓNICAS DE "LA MOVIDA"

Mensaje por fanurquijo el Jue Jul 02, 2009 3:10 pm

Gracias por todos los textos!! Aunque son "un poco" pesimistas... :uein:

Besitos! saludos

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Re: CRÓNICAS DE "LA MOVIDA"

Mensaje por lola el Jue Jul 02, 2009 3:28 pm

Muchas gracias VIQUILIKI, por toda la información que nos das!!!
Me siento completamente identificada con el comentario de este hombre

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Re: CRÓNICAS DE "LA MOVIDA"

Mensaje por VIQUILIQUI el Jue Jul 30, 2009 8:41 am

http://www.laregion.es/opinion/5633/

Tiempo de acción
26-07-2009 /Jaime Noguerol.

Se cumplen 30 años de la movida madrileña. En la tertulia hubo una discusión apasionante. Algunos atacaron ese periodo como un tiempo epidérmico, un bluf, de lo que quedan restos kichs, que fue una venta de la imagen de Madrid, un deambular de máscaras con sus chaquetas claveteadas de cuero.

Yo creo que no. Viví ese tiempo y fue una época de júbilo, de acción, de encantamiento colectivo. Fue una época deslumbrante después de 40 años de agonía colectiva, un halo que desalojó tantos años de ausencia de libertad. Por ejemplo, la película de Iván Zulueta Arrebato, una película límite que narra muy bien aquel momento, un inquietante tiempo febril. En Ópera prima, Fernando Trueba pone en evidencia los deberes sexuales sin hacer de una generación.

Lo cierto es que se dieron las circunstancias para ese movimiento social. La ciudad y el país estaban en estado corrosivo. En la televisión balbuceaba el color y la Universidad estaba clausurada de sueños.

En los últimos años del franquismo ya se habían creado numerosos grupos de ultraizquierda clandestinos. La presión era constante y la brigada político-social de la Policía no lograba atajar las vanguardias.

Y llegó la transición. ¡Ah!, la transición con Suárez. Lo cierto es que pronto hubo una Constitución y Madrid se convirtió en una ciudad llena de ilusión en llamas. Después, Felipe González. Por entonces, Madrid tiene ya el mejor alcalde de su historia, el viejo profesor Tierno Galván, que entiende las inquietudes juveniles y que había estudiado la cultura marginal juvenil en su ensayo El miedo a la razón. Para asombro de los bienpensantes, sintoniza con los chicos de altiva cresta. Yo lo ví en el Café Comercial de Madrid desayunar con jóvenes de todos los pelajes. De pronto, en cada callejón de Madrid había un grupo musical. En cada edificio, un estudio de fotografía o de pintura. Los grupos Kaka de Luxe, Alaska y los Pegamoides y Pop Decó/Paraíso crearon empresas independientes, rebelándose contra las multinacionales que controlaban el negocio. La música fue el estandarte de Madrid.

Francisco Umbral, desde su columna del diario El País y los cantantes Enrique Urquijo y Olvido Gara, más conocida como Alaska, trataron con lucidez el movimiento.

Se abrieron lugares de culto, como Carolina, El Sol, El Penta, La Vía Láctea, o el inevitable Rock Ola.

Salieron publicaciones por todos lados, editoriales como la Banda de Bohemius y revistas como La Luna, de mucho interés sociológico.

Se inició el término movida. Ya he escrito alguna vez que movida no era lucir el palmito o deambular de pub en pub. Hacer tu movida era crear algo, montarse una historia creativa, un grupo de rock, algo artístico.

El movimiento ha tenido reflejo en algunos programas televisivos como La bola de cristal o Si yo fuera presidente, de Fernando García Tola, y La edad de oro de Paloma Chamorro. Su poeta fue Eduardo Haro Ibars, y su grafitero Juan Carlos Argüello, Muelle.

Hubo mucha ingenuidad e inocencia en muchos jóvenes y quizás los que más amaron la libertad cayeron por el escotillón de las drogas.

De aquello quedó un eco de imaginación. Numerosas canciones, como Chica de Nacha Pop, o Déjame de Los Secretos; artistas gráficos como Ceseepé, El Hortelano, Ouka Lele, sin olvidar en la moda a Ágatha Ruiz de la Prada, pionera absoluta de la onda fashionista.

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Re: CRÓNICAS DE "LA MOVIDA"

Mensaje por VIQUILIQUI el Jue Jul 30, 2009 10:18 am

http://www.udel.edu/leipzig/041199/ela271299.html

Gloria y fango de la movida (1ª PARTE)
CULTURA - Lunes 27/12/1999 - Nº 1333

Javier Marías escribió que los años ochenta en Madrid fueron un recreo merecido tras los sobresaltos de la transición, pero demasiado prolongado y tal vez estéril: "En el recreo, lo más que se hace es presumir, pegarse un poco y jugar a la comba". Lo que se dio en llamar "movida madrileña" alcanzó una prodigiosa proyección nacional e internacional, pero ha sido juzgado con extrema dureza en los años noventa.
DIEGO A. MANRIQUE

Las muertes donde intervienen las drogas tienden a ser particularmente sórdidas. La de Enrique Urquijo (Madrid, 1960) acumuló suficientes horrores para grabarse en la memoria. A última hora de la tarde del 17 de noviembre, el cantante de Los Secretos y Los Problemas fue hallado muerto en un portal de la calle Espíritu Santo, en el madrileño barrio de Malasaña, alias Maravillas, donde tantas veces se le vio dando tumbos en soledad. Del Insalud y el Cuerpo Nacional de Policía, la noticia saltó a este periódico. La necesidad de comprobar que realmente se trataba del músico hizo que fuera un periodista el que se pusiera en contacto con su discográfica, desencadenando una serie de llamadas que llegaron hasta su familia. Algunos de sus asociados se sorprendieron. Todos lamentaron que hubiera muerto solo.

¿Solo? No exactamente. Poco antes, Enrique, empujado por su gente más próxima, se había internado en una clínica para otro tratamiento de desintoxicación. Unos días después, pidió el alta voluntaria y se largó de la institución, arramplando con el dinero sobrante, y se perdió en Malasaña. En realidad, tampoco se esfumó. Con, digamos, 180.000 pesetas en el bolsillo, cualquiera es recibido como el rey del mambo en casa del camello habitual. Allí pasó sus últimas horas, en compañía de quienes prefieren no hablar o se han esfumado para evitar preguntas policiales (parece que intentaron reanimarle antes de abandonarle en la calle). Cuentan que los allegados le habían estado buscando, que incluso intentaron penetrar en el piso maldito, pero no pudieron franquear la puerta; tal vez Enrique escuchó la bronca, tal vez no quiso o no pudo hablar con sus seres queridos.

Al día siguiente, doloridos músicos de su generación recordaban a Enrique en voz baja. En los primeros tiempos de lo que luego se llamaría la movida, el pérfido clan de Los Pegamoides tenía una división del movimiento para uso interno: "Estamos los que nos teñimos el pelo y los que nunca lo harían". Implícitamente, la clasificación sugería que los teñidos eran más audaces y cosmopolitas, más predispuestos a experimentar en sexo y drogas. "Pero eso nunca estuvo muy claro: ya en 1981, muchos de los grupos de pop, los que iban de niños buenos con corbata delgada, ya andaban metidos de cabeza en la heroína". A continuación, el juego macabro de contabilizar los caídos de ambos campos. Y una conclusión desoladora: las muertes por sida o por sobredosis han sido tan frecuentes entre los popies como entre los ultramodernos.

Una tragedia unía brevemente a los supervivientes de la movida, aunque fuera únicamente en clave de pasmo y pesadumbre. Hace veinte años, otra muerte relacionada con Los Secretos había sido la justificación para la primera presentación colectiva de lo que se empezaba a llamar nueva ola madrileña. En las primeras horas de 1980, José Enrique Cano, Canito, baterista del grupo Tos, fallecía en accidente de circulación. Unas semanas después, el auditorio de la Escuela de Caminos acogía un Homenaje a Canito donde coincidían Nacha Pop con Alaska y Los Pegamoides, Paraíso con Tos, rebautizados como Los Secretos. Las cámaras de Pop-grama, de TVE-2, captaron el acto y retransmitieron al país la buena nueva de que en la capital del reino habían surgido unos conjuntos que, para qué negarlo, tocaban mal pero tenían canciones arrebatadas y una imagen que anunciaba una estética naciente, que buscaba cancelar la grisura del franquismo y la transición. Aunque la primera reacción fue el rechazo, la bola empezó a rodar: un año después, un cartel similar abarrotaba el campo de deportes de la Escuela de Arquitectura. Todos los grupos que actuaron en memoria de Canito habían grabado discos y muchos habían empezado a paladear el éxito.

Esta vez, quizás no haya un Homenaje a Enrique de dimensiones similares. Y eso que un ejecutivo discográfico que había trabajado para Los Secretos en su primera época puso inmediatamente el Palacio de los Deportes madrileño a disposición del posible concierto; al no verlo claro, la familia se negó . Además, hubiera sido imposible convocar a un elenco equivalente al que acudió a tocar en el acto de Canito. La desaparición de Enrique fue sentida por todos los que le trataron, como ocurre cuando muere una persona esencialmente buena y un artista al que ni siquiera los situados en sus antípodas musicales podían negar sinceridad e intensidad. Pero la muerte, especialmente si ocurre en la zona de sombra de las drogas duras, todavía es un tabú en los ambientes musicales españoles. Y una reunión por Enrique Urquijo casi inevitablemente se hubiera convertido en una extemporánea evocación de la movida. Con más de funeral que de celebración.

Hoy, lo más chocante de la movida es su indefensión. Cada cierto tiempo es vituperada con saña por el alcalde de Madrid o alguno de sus concejales. Álvarez del Manzano ni siquiera quiere concederle los últimos honores: "No hay que enterrarla porque se ha evanescido, ni tan siquiera tiene cuerpo para enterrar. Era algo etéreo, una propaganda política, no ha dejado un solo poso. Yo no recuerdo un solo libro, un solo cuadro, un solo disco; nada, de la movida no ha quedado nada".

Y nadie responde, a pesar de lo grotesco de las acusaciones y de la alternativa cultural que propone el regidor: la recuperación de la zarzuela y el cuplé. De hecho, abundan los antiguos simpatizantes, genuinos compañeros-de-viaje que ahora abominan del movimiento cultural que agitó Madrid desde finales de los setenta: estos renegados incluso hacen suyas mentiras interesadas, como la que lo convierte en un montaje del Ayuntamiento del PSOE.

Los munícipes del puño y la rosa desconfiaban profundamente de la gente de la nueva ola, prefiriendo la autenticidad vallecana encarnada por Ramoncín, preconizada por las columnas de Francisco Umbral. Todavía quedan implicados que recuerdan el tango imposible bailado por la movida con Enrique Tierno Galván: Borja Casani visitó al señor alcalde -"un oportunista nato"- para presentarle el proyecto de La Luna de Madrid; fue ignorado... hasta que la revista se convirtió en un medio poderoso, momento en que don Enrique llamó al editor e intentó subirse al carro triunfal. Fue rechazado, pero el abordaje se repetiría mil veces con éxito en los años siguientes, entre el deleite de los creyentes en el todo-vale, convertidos en expertos del coge-el-dinero-y-corre.

Lo extraordinario es que, antes incluso de que irrumpieran los noventa, los propios implicados en la movida se apresuraron a echar tierra sobre la deforme criatura en un festín de recriminaciones y desdenes. La historia de todos los ismos de la vanguardia artística del siglo registra similares negaciones radicales, aunque rara vez tan tempranas, unánimes y agrias. Un texto tan indispensable como Sólo se vive una vez: esplendor y ruina de la movida madrileña (Ediciones Ardora, 1991), la suma de centenares de horas de conversaciones grabadas por José Luis Gallero, ofrece un inmenso catálogo de descalificaciones y desmitificaciones. Hay quien recurre a razonamientos etimológicos: lo de movida es una denominación impuesta desde fuera, que rebautizó algo que, al menos en lo musical, se conocía como nueva ola. Los veteranos tuercen el morro y aseguran que "una movida era exclusivamente ir a comprar chocolate", como si una palabra no pudiera cambiar su significado por la santa voluntad de sus usuarios y el machaqueo de los embelesados periodistas.

Tal pedantería suele ir acompañada por juicios tajantes, que distinguen entre una verdadera y una falsa movida. La buena es la que él o ella vivió como parte del colectivo que usufructuó en exclusiva el movimiento; cuando llegaron los pardillos deslumbrados, las diversas movidas de la periferia, los medios de comunicación, el poder con sus cantos de sirena, ah, entonces todo se fastidió. Se palpa también un verdadero complejo de culpabilidad por la facilidad con que muchos creadores entraron en la cultura de la subvención o de las actividades patrocinadas por instituciones.

Y un sentimiento de embarazo por la aceptación entusiasta de las drogas duras y sus calamitosas consecuencias. El cineasta Iván Zulueta, figura esencial de la premovida, huyó hacia San Sebastián tras acabar Arrebato, pero aceptó compartir su experiencia generacional en el libro de Gallero, donde explica la mecánica del autoengaño: "La época en que me ha tocado vivir ha consistido en ir descubriendo que todo lo que te han dicho es mentira. Quizás toda juventud se encuentra con que le han mentido. Pero fue una vergüenza, un escándalo: llegabas al caballo convencido de que no era como decían. Pensabas: 'seguro que es como el sexo y todo lo demás'. Pues, por una vez, era verdad".

Con todo, las sucesivas devastaciones no acabaron con el impulso de la movida en los más diversos frentes artísticos. Aunque el balance no sea homogéneo. Alberto García Alix se ha mantenido en sus trece y acaba de ser reconocido con el Premio Nacional de Fotografía (fiel al carpe diem, le entrevistan en los telediarios y anuncia que quiere "pulirse" a toda prisa el dinero que acompaña al premio). Ceesepe, El Hortelano, Mariscal, Javier de Juan y otros dibujantes de cómics muy activos en los primeros tiempos terminaron deslizándose felizmente hacia la pintura o el diseño, en parte motivados por carencias de la industria editorial de la historieta. Tampoco parece que los creadores de moda española preocupen excesivamente a los imperios italianos.

Por el contrario, el realizador español más celebrado internacionalmente es Pedro Almodóvar, que pisó los escenarios de los primeros ochenta como parte del delirante grupo-espectáculo Almodóvar & McNamara, aparte de filmar la única película -Laberinto de pasiones- que refleja en caliente la locura de aquellos momentos, con abundantes papeles para personajes del Madrid movido. No hubo nada comparable en la producción literaria, aunque en 1999 haya salido Madrid ha muerto, una novela de Luis Antonio de Villena sobre la primavera de la (pos)modernidad capitalina, que se reconoce más observador del alboroto que participante activo.

En su actividad más visible, la musical, queda un sabor agridulce. A principios de los noventa, los grupos novísimos reaccionaron contra la banalización de la movida con cancioneros que usaban un inglés generalmente primario, a la vez que renunciaban más o menos conscientemente a la búsqueda de la popularidad (sin olvidar que los de los ochenta habían arrasado el negocio del directo, al cobrar cachés disparatados y acostumbrar al personal a actuaciones gratuitas o con precios políticos). No obstante, en los últimos tiempos se ha producido una reconciliación: han salido espontáneos discos de homenaje, ha brotado un puñado de conjuntos -Fresones Rebeldes y Meteosat en cabecera- que buscan recrear la efervescente frivolidad de 1980.

Las listas de venta todavía acogen a artistas hechos al sol de la movida, como Manolo García, voluntarioso animador de Los Rápidos y Los Burros que conoció el éxito con El Último de la Fila antes de iniciar periplo en solitario (y uno de los rendidos admiradores de Enrique Urquijo que acudió humildemente a cantar en el último concierto multitudinario de Los Secretos en Madrid). Menos afortunado en términos de ventas ha sido Santiago Auserón, cabecilla de Radio Futura, que se reencarnó en Juan Perro y creó una fusión única -rock con música cubana- que, sin embargo, fue aprovechada comercialmente por Jarabe de Palo y lo que se ha dado en llamar rock latino.

Otros solistas funcionan de modo guadianesco, como es el caso del venerado Antonio Vega, antes en Nacha Pop, o del irredento Javier Corcobado, de Mar Otra Vez. Jaime Urrutia sufrió años de oprobio al frente de Gabinete Caligari y ahora planea grabar bajo su propio nombre, alentado por admiradores como Andrés Calamaro, Loquillo y Enrique Bunbury, que le invitan a sus conciertos y reivindican su cancionero. Caso contrario es el de Nacho Campillo, que no funcionó como solista, pero ha refundado su anterior grupo, Tam Tam Go!, con excelentes resultados comerciales. Lo contrario de las reapariciones de Golpes Bajos, dos excepcionales músicos penosamente fuera de onda, o Mecano, un trío carcomido por incompatibilidades personales entre los hermanos Cano.

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Re: CRÓNICAS DE "LA MOVIDA"

Mensaje por VIQUILIQUI el Jue Jul 30, 2009 10:19 am

Gloria y fango de la movida (2ª PARTE)
CULTURA - Lunes 27/12/1999 - Nº 1333

...Con todo, la nómina más amplia corresponde a los que supieron reconvertirse: ciertamente, hay vida después de la movida. La principal compañía independiente de los años ochenta, DRO-Gasa, terminó siendo engullida por la multinacional Warner Music, pero sus fundadores, antiguos músicos, siguen en la empresa o son directivos y cazatalentos en la competencia. Bernardo Bonezzi, el niño prodigio de Zombies, ejerce de músico cinematográfico. Nacho Canut y Alaska, que triunfaron con Los Pegamoides y Dinarama, desarrollan sus ideas electrónicas en Fangoria (el tercer vértice pegamoide era Carlos Berlanga, autor de discos bellos que no han encontrado eco). Paco Trinidad, inicialmente con los frenéticos Ejecutivos Agresivos, es hoy un productor con rico currículo. Víctor Aparicio, responsable de los turbulentos e indispensables Coyotes, también expone, diseña portadas, publica historietas y sigue ejerciendo de feroz disidente frente a las tendencias dominantes. Julián Hernández, de Siniestro Total, lo mismo escribe libros que protagoniza películas pintorescas. Rossy de Palma, que dio a conocer su fantástico perfil en el grupo mallorquín Peor Impossible, fue lanzada como actriz -la varita mágica de Pedro Midas Almodóvar- tras ejercer de camarera en locales de Malasaña.

Entre sus filas, el gremio de la hostelería madrileña contó con muchas futuras actrices de renombre. Ignacio Cubillas, conocido como Pito, que fue el más poderoso -y culturalmente ambicioso- de los managers de la movida y que ha reaparecido en Madrid tras superar una drogodependencia épica, especula que se podría filmar una película sobre el eclipse simplemente con los testimonios de las antiguas camareras del que fue su local, Morocco. Y es que el debe y el haber de la movida serían incompletos sin hacer cuentas de su capacidad para crear espacios de encuentro, lugares de esparcimiento. Que se han multiplicado en los últimos veinte años, aunque se haya perdido el espíritu grupal de los primeros ochenta. La noche madrileña se ha hecho más elástica, más feroz, más viciosa, a la vez que ha perdido en fecundidad, en contubernios creativos, en voluntad renovadora.

Y por las noches de esa ciudad acelerada navegan abundantes náufragos como Enrique Urquijo, descolocados por temperamento o por el paso del tiempo, encerrados en mundos propios o artificiales.

Enrique era un depresivo, pero a la vez un tipo bondadoso que recriminaba a amigos su tabaquismo, "los cigarrillos son muy malos"; le respondían airados que él tenía hábitos bastante más peligrosos, algo que rechazaba: "Lo mío no se puede llamar drogadicción, sólo abuso de cuando en cuando" (era cierto, pero no como para presumir). Los que le trataban se asombraban igualmente de que Enrique no supiera, por ejemplo, de la existencia de un conjunto británico que marcaba pautas y se llamaba Oasis. Se quejaba en 1998 de que su grupo no tenía contratos: cuando le explicaron que ése era un mal general en aquellas semanas, se descubrió -bendito sea- que era aproximadamente el único humano que ignoraba que estaba celebrándose el Mundial de Fútbol.

La salvación catódica
La televisión es nutritiva", proclamaba Aviador Dro en su etapa de agitación y propaganda, un lema entonces apenas más irritante que aquel otro del mismo grupo, "Nuclear, sí, por supuesto" (más de una vez, los Obreros Especializados del Aviador fueron agredidos por semejantes provocaciones). Una diferencia radical entre los animadores de la movida y la progresía que les precedió está precisamente en la actitud frente a la televisión. Referencia inevitable para los primeros, opio del pueblo para la quinta de la pana.

Así que no debe sorprender que las televisiones hayan absorbido a buena parte de los talentos más comunicativos de los ochenta. Además, una de las características de aquella época fue la permeabilidad, el trasvase entre disciplinas. Alaska, que ya animó La bola de cristal -el programa no-tan-infantil de Lolo Rico en TVE- y que ahora aparece regularmente como jurado de los exitosos Lluvia de estrellas y Menudas estrellas, donde sigue asombrando al pueblo llano con su sensatez y su tolerancia. Antón Reixa, el iconoclasta impulsor de Os Resentidos y actual solista, también se convirtió en habitual de programas masivos, aunque volviendo siempre a la televisión gallega, donde dirigió programas heterodoxos y ahora triunfa como guionista de una notable serie autóctona, Mareas vivas. La misma TVG acoge a Xabarin, un popularísimo espacio infantil que en cierto modo recoge el espíritu de la fértil movida gallega.

Pedro Reyes y otros humoristas televisivos tuvieron su primera oportunidad en locales pop como Marquee y Rock-Ola (que ocupaban un espacio que antes había acogido a Tip y Coll). El tan premiado Caiga quien caiga incluye en sus filas a personajes en la periferia de la movida. Con su grupo Paracelso, El Gran Wyoming conoció los locales de ensayo del Ateneo de Prosperidad, un enorme colegio de mandos falangistas que fue okupado, donde también probaron la libertad los miembros de Kaka de Luxe, Zombies, Aviador Dro y otros; en un reciente réquiem por la Prospe, Wyoming recuerda que el experimento terminó con la reconquista policial, en tiempos de Tierno Galván. Otro rey del desparpajo, Pablo Carbonell, también habitual de Rock-Ola, fue el cabecilla de Toreros Muertos y abrió un local junto a la Gran Vía madrileña, Ya'stá, que fue asediado implacablemente por las autoridades municipales del PP y escenificó su derrota: socios y clientes construyeron un muro de ladrillos que cegaba el escenario.

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Re: CRÓNICAS DE "LA MOVIDA"

Mensaje por adios tristeza el Jue Jul 30, 2009 3:37 pm

Gracias VIQUILIQUI!

Muy curioso de leer, especialmente lo referente a Enrique.

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adios tristeza
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Re: CRÓNICAS DE "LA MOVIDA"

Mensaje por cruss13 el Jue Nov 03, 2011 4:21 pm

La anécdota esa de Enrique ligando con una camarera en la Vía Lactea es super trascendente, vamos...

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